El histórico Gimnasio Miguel Hidalgo volvió a vibrar con el baloncesto profesional. Este viernes 10 de julio, Lobos Puebla midió fuerzas ante los Diablos Rojos en un encuentro de preparación rumbo a la temporada 2026 de la LNBP. Aunque el marcador final favoreció a la visita por 72-68, el resultado resulta meramente anecdótico frente a las notables sensaciones que la nueva jauría dejó sobre la duela.
La Angelópolis recibe a esta franquicia con una ilusión renovada, pero también con el recelo propio de proyectos pasados que nacieron y no lograron echar raíces. Sin embargo, Lobos Puebla ha comenzado a marcar distancia desde el origen. A través de una propuesta conceptual sólida y una estrategia de comunicación sumamente cuidada, la organización ha sabido inyectar una legítima expectativa en una plaza hambrienta de deporte ráfaga.
Esa rigurosidad institucional se refleja con claridad en los nombres que sostienen el proyecto. La directiva apostó sobre seguro al entregar las riendas del banquillo a Francisco Olmos, uno de los entrenadores más laureados y experimentados del circuito nacional. A su estrategia se suma el liderazgo de Israel Gutiérrez como capitán, un pívot nominal mexicano cuya presencia física e internacional aporta la dosis de experiencia necesaria en la pintura. La cereza en el pastel es, sin duda, el regreso de Iván Montano. El movedor egresado de las Águilas UPAEP, proyectado como el futuro conductor de la selección nacional, vuelve a la ciudad que lo vio crecer deportivamente, consolidándose de inmediato como el estandarte y el vínculo emocional perfecto con la grada local.
Más allá del branding y la pulcritud en las oficinas, la verdadera prueba de fuego estaba en la cancha, y este primer ensayo dejó conclusiones positivas. Bajo la firma del coach Olmos, el equipo exhibió rotaciones constantes, un ataque equilibrado y una postura defensiva sumamente sólida. A pesar del carácter amistoso del encuentro y de cargar con la etiqueta de franquicia nueva, Lobos compitió de tú a tú contra uno de los serios aspirantes al campeonato, dominando el trámite durante varios pasajes del juego gracias al hambre y la seriedad de su plantel.
Puebla es, por historia y tradición, tierra de baloncesto. Lo sabe el cuerpo técnico, lo asumen los jugadores y, finalmente, parece haber llegado una organización que lo entiende con la misma claridad. El camino en la LNBP es largo y exigente, pero este inicio de proyecto se percibe francamente alentador.

























